KFC Australia decidió tratar al pepinillo como si fuera una tendencia de moda.
Con “Picklecore”, la marca y la agencia Special construyeron un universo donde aparecen perfume de pickle, aretes, lipstick, lentes, pantalones y relojes inspirados en este ingrediente.
La idea sirve para promocionar una gama limitada que incluye Pickle Burger, Pickle Pepsi Max, Frickles y Pickle Loaded Chips.
De Gorpcore a Picklecore
La lógica creativa parte de una comparación sencilla.
Si Gorpcore logró convertir ropa funcional de montaña en una estética de high-fashion, KFC podía intentar hacer lo mismo con el pepinillo.
Special tomó esa idea y la llevó al extremo, tratando la obsesión por este ingrediente como si fuera una tendencia cultural con su propio lenguaje visual.
El resultado es deliberadamente absurdo, pero también muy claro: el pickle deja de ser un topping y se convierte en estilo de vida.
Teaser billboards antes de mostrar el menú
La campaña apareció primero mediante billboards teaser con productos surrealistas como pickle pants, relojes y lipstick.
En lugar de revelar inmediatamente que se trataba de una campaña de comida, KFC presentó objetos que parecían pertenecer a una campaña de moda o belleza.
Esa ambigüedad inicial ayudó a construir curiosidad antes de conectar todo con el menú limitado.
El filme se comporta como una campaña de moda
La pieza principal de 15 segundos adopta directamente el lenguaje de la publicidad fashion.
El filme utiliza styling, actitud y una pista techno para presentar el menú como si se tratara de una colección.
Ese contraste ayuda a que productos como un burger o unas papas cargadas se sientan parte de un universo cultural más grande.
El takeover convierte una tienda en un fever dream verde
La campaña también se trasladó al espacio físico mediante un takeover de un restaurante insignia liderado por Those That DO.
El lugar fue transformado con iluminación verde neón, rodajas de pickle colgantes, murales y bancos con temática de pepinillo.
Incluso se creó un candelabro de tres niveles hecho con pickles.
La activación llevó la estética Picklecore más allá de la publicidad y permitió que los consumidores entraran literalmente en el mundo de la campaña.
Brinear la marca completa en verde
Uno de los movimientos más llamativos fue reemplazar temporalmente el rojo icónico de KFC por un verde gherkin.
Para Special, la decisión tenía sentido porque si la marca quería pedirle al público que adoptara Picklecore, KFC también debía hacerlo.
El cambio podría parecer arriesgado para una identidad tan asociada con el rojo, pero la marca confió en que otros elementos seguirían protegiendo el reconocimiento.
El pollo frito dorado, la arquitectura del producto y los códigos de KFC seguían siendo suficientemente reconocibles.
La comida sigue siendo la ancla de reconocimiento
Incluso cuando el burger aparece cubierto por múltiples toppings de pickle, el filete de pollo frito en el centro mantiene una fuerte conexión con la marca.
Eso demuestra una idea interesante: una marca puede permitirse alterar temporalmente algunos de sus activos si otros siguen siendo suficientemente fuertes.
Picklecore no reemplaza la identidad de KFC; la tensiona para generar novedad.
De OOH a social y audio
La campaña corre durante septiembre y se extiende por OOH, social y audio.
La podcaster y conductora de radio Luisa Dal Din participa en la amplificación de la plataforma.
El concepto mantiene el mismo tono irreverente en todos los canales, permitiendo que la estética Picklecore funcione como un sistema y no como una sola pieza.
Una obsesión de nicho convertida en plataforma cultural
La campaña no parte únicamente de un nuevo sabor.
Parte de la idea de que existen consumidores profundamente obsesionados con los pepinillos y otros que apenas sienten curiosidad.
KFC transforma esa tensión en una invitación abierta tanto para los fanáticos como para los “pickle curious”.
En lugar de comunicar una extensión de menú de forma funcional, la marca crea una tribu cultural alrededor del ingrediente.
Por qué el timing comercial importa
La campaña coincide con un periodo especialmente importante para KFC Australia.
Es el comienzo de la primavera, se acercan las vacaciones escolares y las finales de footy están en pleno desarrollo.
La plataforma busca aprovechar ese momento para aumentar visitas, conversación y momentum comercial alrededor de una oferta limitada.
Lecciones para las marcas
- Una obsesión de producto puede convertirse en una estética cultural completa.
- El teaser OOH puede generar curiosidad antes de revelar la oferta comercial.
- Alterar temporalmente un activo de marca puede funcionar si otros códigos siguen protegiendo el reconocimiento.
- Las activaciones físicas ayudan a convertir una campaña visual en una experiencia inmersiva.
- El absurdo funciona mejor cuando está conectado claramente con un producto y un comportamiento real de los fans.
Reflexión final: cuando el pepinillo deja de ser topping y se vuelve lifestyle
Picklecore funciona porque KFC no se limita a anunciar un menú con pepinillos.
Construye un mundo donde los fans pueden vestirse, hablar, mirar y hasta entrar físicamente dentro de la obsesión.
La marca convierte un ingrediente humilde en una estética exagerada, absurda y reconocible.
Y en el proceso demuestra que, cuando una campaña se compromete por completo con una idea cultural, el producto puede terminar sintiéndose mucho más grande que el menú.
Preguntas frecuentes
Es una plataforma de campaña creada por Special que presenta la obsesión por los pepinillos como una estética y estilo de vida para promocionar un menú limitado de KFC.
Entre los productos están Pickle Burger, Pickle Pepsi Max, Frickles y Pickle Loaded Chips.
Primero apareció mediante teaser billboards con productos surrealistas como pickle pants, relojes y lipstick, y después se extendió a social, audio, OOH y una activación de tienda.
Durante la campaña, el icónico rojo de KFC se reemplazó temporalmente por un verde gherkin para reforzar el universo Picklecore.
Special lideró la campaña y Those That DO desarrolló el takeover del restaurante insignia.
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