Durante varios días, una iglesia del centro de Madrid se convirtió en el soporte inesperado de una acción publicitaria vinculada a una bebida alcohólica de alta graduación. La fachada de la parroquia de San Ildefonso, en pleno barrio de Malasaña, amaneció cubierta por dos lonas negras de gran formato con una frase tan simple como provocadora: “Yo no bebo whisky”.
Una ejecución de misterio: sin marca en la calle, con cierre en redes
A primera vista, el mensaje no incluía logotipo ni nombre del anunciante. La estrategia apostó por la curiosidad: un enunciado que parecía contradictorio, diseñado para generar conversación y hacer que la gente se preguntara qué había detrás.
El “segundo acto” llegó en el entorno digital. A través de publicaciones, videos y colaboraciones con influencers, la narrativa se completaba y terminaba conduciendo al producto, transformando la intervención física en un gatillo para la viralidad.
Cuando la creatividad se topa con la normativa
La acción no tardó en encender la polémica. La promoción de alcohol en determinados espacios puede estar restringida por normativa autonómica, y el hecho de utilizar un templo como soporte publicitario abrió un debate inmediato sobre límites, permisos y cumplimiento legal.
El caso evidenció una tensión frecuente en la industria: la línea fina entre una idea “ingeniosa” y una ejecución que puede convertirse en un problema regulatorio (y reputacional) si el contexto no se evalúa con la misma precisión que el concepto creativo.
Retiro exprés y limpieza parcial del contenido
Tras la atención mediática y las preguntas públicas que crecieron alrededor del tema, la intervención se desactivó rápidamente: las lonas fueron retiradas en cuestión de horas. En paralelo, algunas de las cuentas que habían amplificado la campaña en redes eliminaron parte del material publicado, aunque no todo el contenido desapareció por completo.
El efecto “espacio simbólico”: más visibilidad… y más riesgo
Elegir un lugar con carga cultural o religiosa puede multiplicar la atención y convertir una ejecución en noticia. Pero ese mismo factor eleva el escrutinio y la sensibilidad social: el impacto crece, y la controversia también.
En definitiva, este episodio vuelve a poner sobre la mesa una pregunta clave para marcas y agencias: ¿hasta dónde se puede empujar una idea para ganar notoriedad sin cruzar la frontera legal y ética? En OOH, el medio no solo amplifica el mensaje; también amplifica las consecuencias.
Preguntas frecuentes
¿Qué ocurrió con la campaña “Yo no bebo whisky” en Madrid?
Se instalaron dos lonas gigantes en la fachada de una iglesia en Malasaña con el mensaje “Yo no bebo whisky”. Aunque no mostraba marca, la campaña se completaba en redes sociales donde se revelaba el producto.
¿Por qué causó controversia?
Porque se trataba de la promoción de una bebida alcohólica de alta graduación en un espacio considerado sensible, lo que generó cuestionamientos sobre su encaje con la normativa vigente.
¿Qué papel tuvieron las redes sociales en la estrategia?
Fueron el ‘segundo acto’ de la campaña: influencers y piezas de video ayudaron a resolver el misterio y a asociar el mensaje con el producto.
¿Qué pasó después de que se hicieran públicas las dudas legales?
La instalación fue retirada rápidamente y parte del contenido digital vinculado a la activación se eliminó, aunque no desapareció en su totalidad.
¿Qué aprendizaje deja este caso para marcas y agencias?
Que los espacios simbólicos elevan el alcance, pero también el escrutinio. La creatividad sin evaluación legal y reputacional previa puede convertir una acción ‘viral’ en un problema público.
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